Yo estudié la carrera de QBP en el IPN. Desde luego mi meta era ejercer la carrera. Cuando egresé me toco una de las grandes crisis que ha tenido nuestro hermosos país, no pude colocarme laboralmente en la profesión y se me presentó la oportunidad de impartir clases (que ya desde antes me llamaba la atención), acepté y DECIDÍ QUEDARME. Me cautivó la idea de participar en la formación de jóvenes, comprendí la trascendencia de la noble profesión del docente y también entendí el fuerte compromiso para formarme y actualizarme como tal, no era válida la improvisación.
El papel docente en la educación media superior tiene un gran significado porque trabaja con jóvenes que están en una etapa decisiva en su vida, están por definirse entre seguir estudios superiores, insertarse en el mundo laboral o mantenerse desocupados. Entonces, el desempeño del docente en el trabajo de su asignatura es decisivo para atraer a los jóvenes hacia el gusto por el estudio o para alejarlo de ello.
La satisfacción que he tenido durante mi trayectoria docente es que he logrado que a la gran mayoría de mis alumnos les guste la química, que le entienden un poco más, que tengan una actitud positiva hacia la materia. Intento acercarlos a la disciplina pero no pretendo formar futuros químicos, aunque sí, ciudadanos que comprendan aspectos básicos de la disciplina para entender algunos sucesos del entrono que pueden explicarse a partir de ella.
A pesar de los grupos numerosos con que trabajamos, del tiempo extra que debemos trabajar, del bajo salario y condiciones deficientes, del burocratismo en las instituciones públicas, del desprecio hacia la educación pública al asignársele un bajo presupuesto; a pesar de todo ello, tengo la convicción del papel trascendental que juega la educación en un país y la adecuada formación del maestro.